“Levantó la mano para coger el cuello de Heathcliff y acercar su mejilla a la suya; mientras él, a su vez, cubriéndola de frenéticas caricias, decía ferozmente:
-Ahora me enseñas cuán cruel has sido conmigo, cruel y falsa. ¿Por qué me despreciaste? ¿Por qué traicionaste tu propio corazón, Catalina? No tengo ni una palabra de consuelo. Te lo mereces. Tú misma te has matado. ¡Sí, ya puedes besarme, y llorar, y arrancarme besos y lágrimas; te abrasarán y condenarán! Me amabas, ¿qué derecho tenías de abandonarme? ¿Qué derecho -contéstame- a satisfacer un ruin capricho que tusviste con Linton? Porque ni la miseria, ni el envilecimiento, ni la muerte, ni otro castigo de Dios o Satanás nos hubiera separado. Tú, por tu propia voluntad, lo hiciste. Yo no te he roto el corazón, tú misma te lo has roto; y al romperlo has roto el mío. Tanto peor para mí, si soy fuerte. ¿Quiero acaso vivir? ¿Qué clase de vida será la mía cuando tú…?, ¡Oh Dios, ¿quisieras tú vivir con tu alma en la tumba?!”
Cumbres Borrascosas – Emily Brontë

